Saber elegir la tarjeta de crédito
Saber elegir la tarjeta que nos enamore financieramente
Tarjetas de crédito hay cientos, y hasta miles, a nuestra disposición en el mercado financiero. Pero, a pesar de la aparente uniformidad de su aspecto físico, detrás de ellas hay toda suerte de condiciones financieras que las convierten en más o menos atractivas para nuestros intereses particulares.

En realidad, se trata de elegir aquella tarjeta de crédito que nos ‘enamore’ financieramente. Así, ¿cómo elegir esa tarjeta de crédito más ventajosa?
Lo más importante, es fijarse en los detalles que figuran en la publicidad que se hace de ellas y muy especialmente en el contrato que firmaremos para hacernos con sus ventajas, pero también con sus requisitos. Esa será la vara de medir, de medir nuestras posibilidades y deseos de financiación, con lo que nos ofrece la entidad bancaria.
Para empezar, podemos fijarnos en el famoso TAE de la tarjeta de crédito, de las tarjetas visa, si es el caso. El TAE no es más que el acrónimo de tipo de interés fijado para la tarjeta de crédito.
Si es alto, si supera el 15% o el 20% no debemos dejar de valorar en qué medida puede afectar esos intereses al rendimiento que vamos a darle a la tarjeta de crédito y cómo puede afectar a nuestras cuentas de ahorro. Estudiar el TAE más ventajoso puede traducirse en cómo ahorrar de manera sencilla.
En línea descendente, también deberemos fijarnos en el coste de la tarjeta de crédito. Algunas, sólo algunas, son gratuitas, en otros casos, tarjetas Visa o tarjetas American Express, por citar dos marcas internacionales muy conocidas, pueden ser realmente costosas.
Otro dato, no deje de leer la letra pequeña de las comisiones, de otras comisiones, que son las que gravarán el coste menos previsto por relacionarse en algunos casos con condiciones financieras de aplicación especial.
Comisiones diferentes como las que se relacionan con la duplicación de la tarjeta por pérdida, su renovación o las más habituales las de las retiradas de fondos de cajeros de la red propia o ajena.
Y algo que el cliente de a pie no suele valorar en su justa medida, la negociación que puede suscitarse con la entidad financiera propietaria de la tarjeta de crédito, si podemos ofrecer como valor una nómina o un seguro contratado anteriormente con el mismo banco. Se trata de explorar también esas posibilidades que pueden traducirse en la práctica en una fórmula también en la dirección de cómo ahorrar desde el principio.
Por último, aunque no sea tan prioritario como los argumentos descritos anteriores, no deje de comprobar qué sistema de puntos propone la entidad, qué seguros asociados a la tarjeta contempla también y hasta qué descuentos y promociones pueden estar a su alcance para su beneficio en su uso de la tarjeta.
Ahí también puede encontrar como ahorrar, tal vez sólo sea un pico, pero lo suficiente para que una tarjeta de crédito se convierta en una llave para ensanchar el panorama financiero de sus cuentas de ahorro.

